Semana Santa 2007 – Malaga Legionaria

 

Desde primeras horas de la mañana del lunes 3 de abril, la Guardia Legionaria custodia al Cristo de MENA en la Capilla de Santo Domingo. La Guardia está formada por un piquete de nuestros hermanos del III Tercio que cada 10 minutos es relevado por una escuadra del IV Tercio (el que este año custodiará el estandarte del Cristo de la Buena Muerte, orlado por los Guiones de los cuatro tercios) Los constantes relevos son acompañados por una multitud de visitantes que no quieren perderse una secuencia que para muchos es el culmen de todo un año de pasión legionaria. Ésa es la Guardia de Honor.

 

Ninguna Semana Santa malagueña es igual a otra. No obstante, como cada año, el Jueves Santo a las 11 de la mañana Málaga se lanza a la calle, concretamente al puerto, para recibir a nuestros heroicos legionarios, que desembarcarán del buque Pizarro para rendir un homenaje a su Cristo y a su gente. Es la hora. El público rompe en aplausos; en la lontananza ya se ve el buque que comienza a abarloarse a su destino final, y con él las voces de más de 180 legionarios del IV Tercio abren paso al Novio de la Muerte. La Banda de Guerra de La Legión enmudece para dejar espacio en el aire a las gargantas de los legionarios. ¿Que cantan mal los Legionarios…? Los legionarios, señora, no cantan, rezan. Rezan el Novio del Muerte mientras recuerdan sus gestas y dedican sus sones a los miles de caídos que dieron su vida por España. ¡El momento es sublime! En ese instante la ciudad sufre una profunda metamorfosis y se convierte en ese escenario perfecto con el que soñara Calderón, como recuerdo a aquella ciudad que en los primeros compases de los años 20 del siglo pasado fue liberada por sus legionarios. La ciudad se rinde a sus héroes.

 

Comienza el desembarco y en un momento épico la Banda de Guerra de la Brigada Rey Alfonso XIII y la Banda de música de la Brigada de La Legión se funden en una sola. El Capitán al mando de la compañía de fusiles con el guión y escolta del guión del Grupo de Artillería dan novedades al Mando. Preside el Acto el Almirante Jefe de la Flota D. Fernando Armada. Lo acompañan el General de la BRILEG D. Bautista García Sánchez, su predecesor, el General de División D. Juan Manuel Muñoz Muñoz, el primer teniente de Hermano Mayor de MENA, D. Antonio González, el Subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores D. Luis Calvo y el Alcalde de Málaga D. Francisco de la Torre.

 

Forma la Fuerza y pasa revista el Almirante Jefe de la Flota acompañado por el General Muñoz.  A continuación, encabezados por una escuadra de gastadores del Grupo de Artillería, comienza el desfile por las calles de Málaga. El paso es impecable, la ciudad se crece y los gastadores enaltecen a pequeños y grandes que acompañan su paso con constantes gritos de ¡Viva La Legión!  

 

La Plaza de Santo Domingo está también llena. El pueblo espera la llegada de La Legión para ver cómo se realiza el traslada del Cristo de MENA desde la pequeña capilla donde ha siso custodiado hasta el Salón de Tronos. Se calcula que más de 60.000 personas están presentes entre el puerto y la Plaza de Santo Domingo. Sólo una meticulosa preparación entre los mandos de la Legión y la Congregación de MENA, hacen posible que todo el acto se desarrolle con la mayor pulcritud. El Comandante Montellano, el Brigada Molla y el Sargento Sánchez han estado repasando durante días el recorrido para que todo resulte perfecto. Al final del día recibirán una merecida felicitación del Mando.

 

Finalmente, con su paso habitual la Legión llega a la Plaza donde forman, y la Banda arranca con el Novio de La Muerte. Pueblo y Legión son una sola voz. Los sones del Himno Nacional dan paso al crucificado, que es portado a brazo por sus legionarios hasta el centro de la Plaza. El dominico D. Francisco Sánchez Hermosilla, acompañado por nuestro queridísimo Yayo, D. Ricardo Noguera, lee un pasaje del Evangelio según S. Lucas que sirve de preludio del toque de oración en memoria de nuestros caídos. En ese momento, la imagen del Cristo de la Buena Muerte se inclina frente a las puertas del Salón de Tronos. Nuevamente y ante los sones del “Cristo de La Legión” la imagen es portada a brazo hasta el salón de tronos. Quiero resaltar aquí el cariño y la devoción con el que la escuadra deposita y acuna al Cristo para ser recogido por los hermanos de MENA para su posterior entronización. El momento es solemne y tremendamente delicado. Cualquier descuido puede provocar que la talla caiga al suelo, pero lejos de eso, nuestro Cristo es alzado con una espectacularidad que nuevamente hace que el pueblo enmudezca.

 

Las horas van pasando y los Hombres de Trono, La Legión y la Armada velan armas para preparar el momento de procesionar al Cristo y a la Virgen de La Soledad por las calles de Málaga.

 

Por fin son las ocho de la tarde. Las Puertas del Salón de Tronos se abren para dar paso, a los acordes del Himno Nacional, a los Tronos del Cristo de la Buena Muerte y de la Virgen de la Soledad. Sale a la calle el Cristo custodiado por delante por la escuadra de gastadores y por detrás por la compañía de fusiles. Su Madre, la Virgen de la Soledad cierra la procesión. Esta imagen, de una sencillez conmovedora, es protegida por los guardiamarinas y por la Armada. Nada se puede decir de ese momento cuando alguien como yo tiene el honor de ir portando al hombro a su Cristo. La fuerza del cuerpo se ve suplida por la del espíritu. El recorrido se hace más llevadero, durante sus siete horas, cuando cada pocos minutos todos rezamos el Novio del Muerte. ¿Cuántas veces los habéis entonado?, me preguntan. No sé responder. Cada año intento recurrir a las matemáticas para intentar dar una respuesta, y cada año vuelve a sucederme lo mismo. Soy incapaz de recordarlo porque el cariño, la emoción y el esfuerzo hacen que cada minuto y cada paso que doy se llenen de recuerdos vividos y hacen que sólo pueda pensar en una cosa, la vida y la muerte. La vida que todos aquellos que vistieron la camisa verde sarga y el chapiri dedicaron en servicio de un ideal sublime y que muchos de ellos inmolaron en el altar del sacrificio a España. Y la muerte de todos aquellos que fruto de su sacrificio se vieron reconfortados por los fuertes brazos de ese crucificado que les hizo más llevadero ese último momento de su vida y que les acompañó en el viaje a la eternidad, para que desde lo alto formaran como una Legión que vela por todos sus hermanos legionarios en la Tierra. Yo lo veo así, y no me importa reconocer que me gusta ofrecer ese pequeño sacrificio, vivido (y disfrutado) durante una sola vez al año, a Aquel al que portamos en hombros por todos los legionarios presentes y pasados.

 

El Trono avanza. La Legión canta y el pueblo nos mece con su cariño. Al pasar por la Alameda, comienzo del denominado recorrido Oficial, Los Mayordomos del Trono con sus toques de campana hacen que el Cristo salude al pueblo malagueño. Francis, Tito, Pepe, Javier Maspón (Capataz del Trono y un enamorado del Tercio) y un grupo insustituible de personas hacen posible el milagro. Doblamos hacia la Calle Larios y la gente nos aclama. Rinde tributo a la Virgen y al Cristo. Pero es al llegar a  Carreteria y especialmente a La Tribuna de los Pobres cuando la multitud no puede contener su emoción e irrumpe en gritos a su Cristo y a sus Legionarios. Es necesario contener a una muchedumbre que intenta romper el cordón para poder volver a tocar a sus héroes. Seguimos nuestro trabajo para llegar nuevamente al lateral de la Alameda y salir al encuentro de la Virgen de la Esperanza que ha comenzado su recorrido. Cristo y Virgen se saludan, se bailan y sus cofrades y bandas se cantan. Es otro de los momentos mágicos de la procesión, pero nuestro Cristo no puede parar, debemos seguir nuestro camino para llegar a nuestra hora a la Plaza de Santo Domingo y esperar a la Madre del de la Buena Muerte. Llegamos, tenemos un pequeño momento de descanso mientras aguardamos la entrada en la plaza de la Virgen. Son las tres de la mañana, abandonamos por un momento los varales del trono. Vemos en la plaza a la familia, los amigos y a los mandos que nos están esperando. Pero sobre todo, volvemos a ver a una muchedumbre que nos está aguardando. ¿Tanta gente cabe en la ciudad? Vemos la ilusión y las lágrimas en los rostros de niños, mujeres, y hombres, muchos de ellos gente nervuda que lleva horas de pie, aguardando la llegada de su Virgen y de su Cristo, camisas legionarias abiertas sobre cuerpos que soportan el frío estoicamente, muchos de ellos antiguos legionarios que siguen con la ilusión del primer día de su alistamiento. A lo lejos, cruzando el puente de la Esperanza avanza el imponente Trono de la Virgen de la Soledad, sus más de 4.000 kilos de peso hacen que sus portadores aprieten el alma contra los varales para demostrar su cariño a María, y que Nuestra Señora entre en la Plaza al mismo paso que salió horas antes. Los Tronos se juntan en la Plaza. Comienza el Acto en el que el Teniente Coronel del Grupo de Artillería entrega en custodia el estandarte del Cristo de la Buena Muerte al Coronel Jefe del IV Tercio. Será el Alejandro Farnesio el Guardián del Cristo este año y el que en la Semana Santa de 2008 tendrá el honor de acompañar al Cristo en procesión por las calles de Málaga. Finalizada la entrega, llega el momento más duro para los cofrades. El momento de encerrar los tronos en la casa de hermandad. Levantan al Cristo sus portadores, alzan a la Virgen sus hombres de trono. Se canta el Novio de la Muerte mientras se mecen los tronos. A continuación, se canta la Salve Marinera. Los hombres de trono no quieren terminar. Se amaga la entrada. Suena el Himno Nacional, no hay remedio, un último esfuerzo, Vivas a la Virgen, Vivas al Cristo de MENA y las Puertas del Salón de Tronos se cierran definitivamente hasta el año que viene. Los hombres se abrazan entre ellos. Todo ha terminado. La Virgen y el Cristo nos miran desde lo alto agradecidos por haberlos portado y presentado a su pueblo. Un año más, Malaga se ha entregado a una Madre y a su Hijo que nos lo han dado todo. España y su Legión están con ellos.

 

Iñigo Susaeta

Hermandad Nacional de Antiguos Caballeros Legionarios

Pontificia y Real Congregación del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Animas y Nuestra Señora de la Soledad. (Congregación de Mena)